#SinFiltro: Lenguaje y Género

*Por: Lic. Verónica Paris | Cualquier estudio o análisis que intente problematizar y definir el papel del lenguaje en las redes sociales, no puede hoy en día, dejar de lado, el componente “género”.

Cualquier estudio o análisis que intente problematizar y definir el papel del lenguaje en las redes sociales, no puede hoy en día, dejar de lado, el componente “género”.

Los cambios que se han venido produciendo en la comunicación de la sociedad son evidentes. Una parte importante de la comunidad virtual, ya ha incorporado en sus escritos diarios el lenguaje inclusivo, y eso se ha vislumbrado en estos sectores como un despertar. ¿Porque lo entienden así? Porque detrás de ese cambio que se viene produciendo, existe todo un bagaje teórico que asegura que ese lenguaje viene a desterrar, de una vez por todas, siglos y siglos de invisibilización femenina.

Lo que no se nombra no existe

El lenguaje es la proyección de nuestras más ancestrales connotaciones. El lenguaje no es neutro, incide en nuestro comportamiento y razonamiento cerebral. Todo lo que existe, se nombra, no nombrar algo o a alguien, es condenarlo a un ostracismo social. Para existir se debe nombrar. Hacer del masculino, el género total, conduce inexorablemente, a la invisibilización femenina.

A su vez podemos decir, “todo lo que se nombra existe”, y existe con el sentido con el que se lo nombró. Es evidente la naturalización del lenguaje masculino con el que hemos convivido durante tanto tiempo y que ha moldeado nuestra conducta y nuestros pensamientos. Basta tan sólo revertir una palabra tal como se realiza en la historieta como para darnos cuenta como cambia el sentido de ésta según el género que se le asigna y como asociamos a un conjunto de ideas y valores esa misma palabra según sea masculino o femenino. La tarea de ir generando una construcción social lo suficientemente democrática e incluyente para incorporar estos cambios es un reto que nos interpela a todxs por igual.

Fisuras en la comunidad dialógica

Los movimientos contrahegemónicos al lenguaje masculino y andocéntrico son fuertes, y la comunidad dialógica ya no puede hacer caso omiso a esto. La RAE por ejemplo ya se ha emitido sobre este tema, y como era de esperar, rechaza estos “modismos”, por entender que atentan contra una supuesta ‘naturaleza’ de la lengua. Pero lo que motiva esa percepción en realidad es más bien un conservadurismo. Ninguna lengua tiene una naturaleza predeterminada ni inmutable. O acaso alguien sabe lo que la naturaleza  nos dicta o enseña (?) sobre cómo se debe mencionar a los que nos rodea. Si ven por ahí un huracán hagan el ejercicio de preguntarle.

Sin embargo, la RAE no ha tenido ningún titubeo para incorporar ´oficialmente´ palabras como “pompis”, “amigovios” o “almondigas”.

Volviendo a una mirada un poco más analítica sobre la cuestión, quienes ven con buenos ojos el lenguaje inclusivo argumentan que la legitimidad de un cambio en cualquier idioma está en que éstos son consensos sociales y, como tal, frente a transformaciones culturales se pueden acordar nuevas convenciones. De eso se deduce que cualquier cambio que hagamos en el lenguaje es porque existe un cambio cultural que sustenta eso. Por eso nos parece importante señalar que estamos transitando un cambio en la cultura, cambio que trasciende todo tipo de ideología partidaria, credo religioso, edad biológica, incluso idioma.

De hecho, algunos países parecen haber sido más flexibles en su postura. El diccionario Merriam-Webster agregó recientemente el denotativo “Mx” para ser utilizado en lugar de “Mr” y “Ms” (“señor” y “señora”) para denotar a alguien cuyo género es desconocido o no-binario, y la utilización de la “x” (como en “latinx”) para eliminar de un término la diferenciación de género  se ha vuelto más y más común.

El poder del lenguaje

El lenguaje es un sistema de comunicación que responde a la estructura y a las necesidades de la sociedad, y que del mismo modo le da forma a las relaciones entre los seres humanos (Hernández, 2016).

Éste es el doble poder del lenguaje: el de reproducir y transformar la sociedad en la cual es utilizado. Ésta es la principal razón por la cual los movimientos igualitarios incluyen entre sus preocupaciones la del uso inclusivo del lenguaje, que ha sido incorporado transversalmente en las más diversas organizaciones internacionales, desde la OIT hasta la ONU.

La consecuencia lógica de este razonamiento es que nuestro idioma cambia constantemente. Y ahí reside el poder que cada unx posee. Si bien el lenguaje por sí mismo no acabará con la discriminación, si contribuirá a visibilizar la inequidad en la que hemos estado sumergidxs y alcanzar efectivamente una equidad. Actuar como si existiera una igualdad que en la práctica no existe no ayuda a eliminarla. No olvidemos que en un principio, el “ciudadano” de la Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano se refería, en efecto, sólo a los ciudadanos de sexo masculino. Nos merecemos un profundo sinceramiento y un compromiso aún mayor con una sociedad verdaderamente igualitaria.

 

[#SinFiltro citado en #TiempodeYeguxs: acoso, repudio y la igualdad demorada]

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